Cristian
Andrés Quintero Sarmiento
Universidad
de La Sabana
11/04/2018
El día domingo, 8 de abril, mis compañeros
de grupo y yo nos adentramos en un mundo
diferente y poco común, desde nuestra percepción de la realidad. La semana
antes de realizar el trabajo de campo recordaba constantemente las palabras de
Cobos “ustedes ahorita están en una burbujita de cristal, la realidad está
afuera, mis chicos. La vida laboral no es lo que parece”, situación que me llevó
a reflexionar sobre mi trabajo final. Soy un amante de todos los deportes, sobretodo,
aquellos que involucran contacto físico agresivo; por lo tanto, consideré
investigar sobre alguna pelea callejera que me genere una constante adrenalina.
Lastimosamente, no conseguí un contacto fijo, algunos compañeros de la
universidad comentaban “vaya a San José de Bavaria, allí siempre hay por las
noches”, otros comentaban “eso fijo hay en chapinero, allá se dan las mejores
peleas”. No tuve éxito y mi proyecto estaba mal encaminado, no teníamos ninguna
oportunidad de saber la veracidad de nuestras fuentes, además, los lugares que
nos decían, según las características, eran lugares sombríos y poco poblados,
los cuales se prestaban para muchas cosas y situaciones poco viables.
Nuestro grupo integrado por: Cesar Cajigas, David
Gonzales y Laura Esperanza “Hoporongas” es excelente al momento de trabajar;
sin embargo, la cuestión de nuestro diario de campo nos dificultaba para
continuar. En medio de la situación y la adversidad decidimos consultar a cada
integrante cuáles alternativas proponen y cómo lo piensan realizar, entre algunas
propuestas me llamó mucho la atención la propuesta de mi compañero David, “Vamos
con las barras bravas de Millonarios”. Lo curioso era que David es hincha de
aquel equipo, en cierta medida, no estaba saliendo de su zona de confort, al
contrario, era una invitación a ver un partido de fútbol de su equipo favorito.
Al momento de mirar qué partidos cercanos había,
el que se hallaba en la fecha más próxima era un partido entre Santa Fe y Águilas
Doradas. En aquel momento me dio un pequeño ataque de risa y me dije “¿David va
a estar en un partido de Santa Fe?”, era una realidad mi compañero, cuya
adoración es Millonarios, asistirá a un partido de su archienemigo futbolero.
Por otro lado, para mí era una experiencia poco común y extrovertida, de mi
parte, debido a que mis papás me han infundido mucho miedo hacia las barras
bravas y lo presentan en aquel imaginario de los delincuentes y población
criminal que debe ser metida en una cárcel.
Desde el inicio de la salida de campo, la
cual se llevó a cabo el domingo 8 de abril, estaba con una carga psicológica bárbara,
en primera instancia, había llegado demasiado puntal a la estación Alcalá y mi
compañera, Laura, no había llevado celular y esperamos media hora en el mismo
punto de encuentro, pero en diferentes lugares. Aquella situación me molestó de
sobremanera, ya que todos necesitábamos mantenernos en contacto y estar
pendientes uno de los otros, pensé, “¿cómo es posible que esta situación esté
pasando, teniendo en cuenta que no vamos a lidiar con cualquier tipo de
personas?”. Cuando nos encontramos, y la vi, mi molestia aumento de manera
exponencial, ya que se había traído una chaqueta de cuero, un jean y se había
arreglado mucho la cara, se veía muy bien, la cuestión era que en esta
situación necesitábamos pasar de forma desapercibida, incognitos y, el propósito
principal, observar la forma en la que los individuos actuaban de forma anónima.
A medida que el trayecto finalizaba la
tensión iba bajando, en medio de la charla relajé mi mente y pensé “todo irá de
maravilla, y como mi compañera va tan arreglada tal vez nos dejen entrar con
facilidad”. Al momento de bajarnos del Transmilenio unos hombres borrachos se
acercaron a mí y me dijeron: “¡Maricón, con esa pinta parece del América, usted
no pertenece aquí!”. Mi mente estaba en blanco, y estaba pasando por la peor
situación imaginada; sin embargo, como dice el dicho, “perro que ladra no
muerde” continúe con mi trayecto de forma normal, sin poner cuidado ante los
insultos. Al momento de llegar al estadio le preguntamos a una de las
organizadoras: “¿cuál era la logística de los partidos y cómo logramos entrar a
la parte del sur?” la organizadora nos dijo “lo que necesitan es el carné del
equipo y las entradas”.
Recuerdo que dijo que él participó en una
pelea contra la hinchada de millonarios, la cual fue arrinconada en un caño y
que el señor Rafael Rubiano fue participe de dicha riña, lo contó con cierto
orgullo y modestia.
Tras la entrevista nos dirigimos al
partido, los hinchas cantaban diferentes barras como: “Como me voy a olvidar cuando
era chico y me traía mi viejo a ver al rojo campeón y sus jugadas de fantasía.
Hizo el destino el azar quien fuera yo tu mejor hincha y en una noche de
alcohol nos moriremos de la alegría es mi ilusión verte campeón sigo esperando
esa suerte mía estar con vos una vez mas
para la vuelta volver a dar “.
Lo mejor de todo fueron los insultos que
arremetieron contra el portero contrario, ya que se la pasaba en el piso y hacia
mucho show. En medio del alboroto empezaron a cantar “¡que lo vengan a ver, que
lo vengan a ver, ese no es un arquero es una puta de Cabaret!”. Me dejé contagiar
por la emoción y empecé a cantar las barras del equipo, siendo honestos, me
gustaba Santa Fe desde pequeño, pero me inclinaba más hacia la natación y me
prohibí la maravillosa oportunidad de alentar a un equipo, me sentí como uno
más de ellos.
Finalmente, no se puede llegar a un estado
total de placer si no se han probado cosas nuevas. Fue mi primera vez en el
estadio y fue una experiencia inolvidable, gracias a este proyecto creo que
seré hincha de Santa Fe y me ha cambiado la forma de ver la pasión futbolera de
los fans de los equipos.




Comentarios
Publicar un comentario