Cristian Andrés Quintero Sarmiento.
Universidad de La Sabana.
06/03/2018.
La
clase del jueves pasado, 1ero de marzo, inició de una manera que, realmente, no
quería. Se dieron una sucesión de situaciones que afectaron mi llegada temprana
al salón de clase; sin embargo, asistí. Recuerdo haberme levantado, a eso de
las cuatro de la mañana, y un fuerte dolor de estómago me estaba afectando
demasiado. Recuerdo haber quedado quieto en la cama y no podía moverme del
fuerte dolor de estómago, los minutos pasaban y cada que pasaba el tiempo mis
ganas de ir a la universidad se disminuían; por lo tanto, estaba
enloqueciéndome, en el fondo sabía que debía cumplir con mis responsabilidades,
además, tenía una exposición, la cual habíamos preparado con mucho entusiasmo
con mis compañeros: Cesar Cajigas, Laura Esperanza “Hope” y David Rojas. Por
otro lado, mi dolor de estomago actuaba como un veneno que me paralizaba poco a
poco, ciertamente, estaba optando por no ir, pero, entonces, ¿cómo elaboraría
la bitácora de la clase? Muchas dudas rondaban por mi cabeza y no obtenía
ninguna respuesta. Recuerdo ver el reloj y eran las 6:30, a lo que me dispuse a
bañar, a pesar de mi malestar, me bañé con mucha velocidad, así mismo, me
cambié rápido y me dispuse a salir.
No quería desayunar, el dolor era tan
fuerte que no sabía qué hacer, llegó un gran susto a mi cabeza y fue “si como,
tal vez, suceda algo inesperado y que mi cuerpo no controle…” sin embargo,
continúe mi camino y, para colmo mío, ningún bus paraba y todos los
alimentadores iban demasiado llenos, a lo que preferí esperar pacientemente y
que algún bus, que no estuviera lleno, me parara y podría seguir mi camino de
forma “tranquila”. A las 7:10 llegó el momento de subirme a un bus y estaba tan
cansado que no pude contener el sueño, por lo tanto, decidí tomar una siesta,
la cual ere reconfortante teniendo en cuenta las circunstancias.
El momento de bajarme llegó y, en medio de
mi sueño profundo, me pasé la entrada de la universidad, no me di cuenta hasta
que abrí los ojos y, por alguna extraña razón, me encontraba en el puente
peatonal que está al lado de Centro Chía. El malestar había aumentado, tenía
que recorrer todo el centro comercial, realmente, fue una tortura y una prueba
de resistencia mental. Cada paso, cada movimiento parecía que estuviera
caminando sobre arenas movedizas, sumándole, que tenía un mareo impresionante,
lo cual evitaba mantenerme estable a la hora de caminar. En cierto punto creí
estar sufriendo de gastroenteritis, las contracciones y los dolores que
presentaba en la zona abdominal era algo sobrenatural. Sin embargo, me dispuse
a llegar a clase a tiempo, pues, mi único consuelo era que tenía solo esas dos
horas de clase y me iba para la casa, debido a que mi otra clase, teoría de la
comunicación, había sido cancelada.
En un momento pensaba en salir a correr para
intentar llegar temprano a clase, lo cual hubiese sido lo más lógico, pero mi
malestar me tenía una posición demasiado difícil para poder actuar con claridad
y precisión. Miré el reloj y eran las 8:08, en mi mente sabía que ya había
llegado tarde, además, el profesor Cobos debió haber llamado lista, él nunca se
retrasa a la hora de llamar lista.
En el momento que llegué a la universidad
sentí la necesidad de apurar el paso, vi el reloj y eran las 8:12, mi angustia
aumentaba paulatinamente, sabía que estaba tarde y no podía hacer nada al
respecto. Me senté y no podía pensar en nada más que estar en mi cama,
descansando y bien cómodo. Aquellos pensamientos estimulaban más el dolor y la
sensación de malestar. Sin embargo, logré pestar demasiada a tención a las
exposiciones.
Antes de presentar las exposiciones, el
profesor Cobos resaltó dos escritos de las bitácoras. El primero era de Laura
Solórzano, y la misma nos condujo a una lección importante, no solo para la
clase sino para la vida también. Mencionó que uno conoce a los individuos, sus
pensamientos y su forma de sentir por medio de la escritura, lo cual cerró
dicha afirmación con una frase contundente e importante: “el texto es lírico y desnuda los pensamientos de los individuos”.
A lo que recalcó el porqué de la exigencia en los escritos y el dar palo. Además, sugirió que todos los
escritos que hagamos pueden ser leídos por otras personas, esto con el fin de
saber si realmente plasmamos nuestros pensamientos de forma efectiva y si nos
comunicamos por medio de la escritura.
Luego de haber leído el escrito de Laura
Esperanza “Hope”, mi compañera de exposición, Cobos resaltó su forma de
escribir, además, resaltó su relación con el video de la clase ante pasada. Plasmaba
de manera muy clara lo que había en él, incluso, se tomó la molestia de buscar
estudios a parte y diversas fuentes, las cuales fortalecían la veracidad del
video. Recuerdo que el profe Cobos hizo un entre paréntesis, él mencionaba que
lo que diferencia a un hombre de una mujer, respecto al pensamiento y la forma
de actuar, radicaba en que la mujer se fija más en los pequeños detalles; a
diferencia de los hombres, los cuales actúan
por sus impulsos y no se fijan en aquellos pequeños detalles. Para que dicha
explicación quedara clara, el profe, decidió realizar un ejemplo con las
miradas. Él asegura que los hombres se pueden mirar mal entre ellos y nosotros
ni cuenta nos damos de las intenciones de aquellas miradas, a diferencia de las
mujeres, ellas saben las intenciones de las miradas, los pequeños gestos y
aquellas cosas mínimas que, al aparecer, no tienen significancia, pero, en
realidad, dicen muchas cosas de los individuos.
Después de aquella explicación que
diferenciaba al hombre de la mujer, procedimos con la primera exposición de mis
compañeros: Juan Esteban Padilla, Sara Álvarez y Camila Díaz, cuyo tema
principal era la Etnología.
La etnología es una ciencia social que se
dedica a estudiar de forma sistemática y comparativa las etnias y culturas,
además, es una rama de la antropología que se enfoca en aquellas sociedades con
particularidades, peculiares o diferentes, las cuales son llevadas a
observación. Ésta ciencia busca relaciones comparativas y similitudes entre las
características de diferentes culturas y sociedades, por medio de algunos
aspectos específicos: religión, diversidad cultural, costumbres, idioma,
organización familiar o jerárquica, sistemas sociales y políticos, sistemas
económicos y la expresión simbólica al
interior de estas sociedades peculiares.
La etnología, aunque no parezca, es de
suma importancia debido a los hallazgos que la misma ha encontrado y los cuales
se han divulgado y han servido en las diferentes áreas académicas como la
medicina, la arquitectura, psicología, biología, etc., lo que permite observar
diferentes aspectos de la evolución con el estudio de distintas civilizaciones,
tales como: los aspectos humanos del hombre, los antiguos sistemas económicos,
sistemas de gobiernos, costumbres y comportamientos.
En conclusión, los estudios que abarca la
etnología es resaltar, debido a que gracias a ellos se impulsa el desarrollo de
nuevas tecnologías, así como otros ámbitos, bien sea psicología, comunicación,
arquitectura, física entre otras cuestiones actuales. Pues se debe tener en
cuenta que la etnografía es la ciencia que tiene por objeto de estudio y descripción
de la raza o pueblo en particular.
Bibliografía
Murillo, J., & Martínez Garrido, C. (2010). Investigación
etnográfica. Madrid: Universidad Autonoma de Madrid.

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